Haciendo escuela. Noche del martes 19 de febrero de 2019. elp.

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Haciendo escuela
Noche del martes 19 de febrero de 2019 en la sede.
La Junta directiva de la sede de Madrid compuesta por Blanca Cervera, Pía
López-Herrera y Constanza Meyer junto con Celeste Stecco como directora,
crearon este espacio llamado “Haciendo Escuela” que surge de una experiencia
de Cartel para poder pensar las distintas cuestiones que hacen a la escuela.
Un encuentro tan nuevo y singular como concurrido. Fueron muchos los
miembros, socios y participantes del Nucep los que acudieron al llamado.
Me pareció muy interesante que este nuevo espacio haya nacido de una
experiencia de cartel. Creo que con esto podemos constatar que cuando
comenzamos un cartel, tal y como pasa con el comienzo de un análisis, entramos
al terreno de lo vivo y del movimiento. Sabemos cuando comenzamos pero no
sabemos hasta donde nos va a llevar y qué efectos tendrá en nuestro camino.
La pregunta por la escuela es equivalente a la pregunta por ser analista. Dos
preguntas vivas y con respuestas inacabadas que de alguna u otra manera se
encuentran anudadas por la causa analítica.
El encuentro tomó como faro el sintagma “una escuela antitotalitaria” orientados
por los textos: Teoría de Turín acerca del sujeto de la Escuela por Jacques-Alain
Miller y D’écolage de Jacques Lacan. Ha sido muy enriquecedor ver cómo los
miembros más veteranos de la escuela sostenían la pregunta por ésta con la
misma consistencia y deseo que los miembros y socios recién incorporados.
Al psicoanálisis se le ataca desde muchos frentes, no sólo desde las corrientes
psicológicas más biologicistas y farmacológicas sino desde toda posición política
que quiera a un sujeto dócil y adormecido por los discursos de la época. El
fetiche de un yo unitario y totalizante va muy de la mano del discurso del amo y
sabemos que el psicoanálisis lacaniano propone justamente el reverso de ese
discurso, hacia la subversión del sujeto.
Ahora bien, ¿cómo hacer que una escuela psicoanalítica no caiga en los síntomas
de los grupos, en el ideal de completud imaginaria y discursos totalizantes y
homogenizadores?
La escuela está hecha por los psicoanalistas y ésta “trata de verificar la existencia
del analista, no su ser”. Amanda Goya resaltaba en su presentación la estructura
trinitaria que hace al practicante, el trípode: análisis, control y estudio de la
teoría. Un trípode que se anuda de manera singular en cada analista y
practicante. Por otra parte, en la verificación de la pregunta ¿Hay analista?
podemos ver otro trípode: el funcionamiento, la relación con la causa analítica y
la demostración (el pase).
Por su parte Esperanza Molleda entró de lleno en los textos propuestos para el
encuentro y con ella, comenzó un interesante debate.

Conjunto de excepciones, soledades no parangonables, la lógica del no-todo,
maneras de contravenir la tendencia al totalitarismo, la relación de cada uno con
el saber, subjetivar la escuela, etc… fueron conceptos y significantes que
sirvieron de intervalo para dar consistencia a las preguntas de la noche.
El agujero en el saber porta un real que está en el centro de la clínica y por tanto
en el centro de la escuela. Un real que trae lo vivo a la experiencia analítica y la
insistencia de sus productos y sus sentidos. En tejido de la escuela se anuda
desde ahí, desde la asunción de lo imposible y desde el trabajo del analista que se
presenta inacabado e inacabable.
Hay mucho trabajo por hacer, por suerte…

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